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Documento Vaticano

 

                 


 

Comunicación sobre el «Diaconado
que propuso el Concilio Vaticano II» presentada en el Simposio sobre San
Vicente Martir en Valencia. Mayo 2.004
 

José Rodilla Martínez

 


Interesantísimo documento de:

Esteban Silber, nacido en 1966, doctor en teología, laico, casado y padre de dos hijos, es director del Centro Diocesano de Catequistas de Potosí y responsable de la formación y el seguimiento de los diáconos permanentes. Además, es asesor del Consejo de Laicos en la Diócesis de Potosí.

 


Directorio para el diaconado permanente de Bolivia

Interesante desde la realidad boliviana, entresaco algunos  párrafos y dejo el documento integro  comprimido merece la pena dar un vistazo

 

2.- Servidor de los pobres.-

  1. Los obispos latinoamericanos, en su conferencia general de la ciudad de Medellín, coincidieron en que “todos los miembros de la Iglesia están llamados a vivir la pobreza evangélica.” Mientras condenaron “la pobreza como carencia de bienes”, alabaron “la pobreza espiritual” y “la pobreza como compromiso”, a través de las que la Iglesia asume la situación de los pobres de este mundo para dar testimonio de la Palabra de Dios en esta realidad. La Iglesia en América Latina, y concretamente en Bolivia, desde aquellos años, siempre se ha sentido llamada a esta pobreza evangélica y no solamente a asumir la condición de los pobres y acogerlos a ellos dentro de su seno, sino a convertirse cada vez más en una Iglesia de los pobres. El diácono permanente es un representante excepcional de esta Iglesia, ya que por un lado muchas veces proviene de los sectores más pobres de nuestra sociedad, y por otro lado está llamado a vivir la opción por los pobres de la Iglesia, como la definieron los obispos en Puebla y Santo Domingo
  2.  
  3. El diácono permanente, en la Iglesia Antigua, muchas veces era el encargado de la preocupación social de la comunidad. Es necesario recuperar este significado del diaconado para nuestra Iglesia boliviana. El diaconado tiene que identificarse con el servicio de la Iglesia a los pobres, con su deseo de integrarlos en sus comunidades y reconstruirse a si misma desde los pobres. El servicio del diácono no debe ser, por tanto, meramente asistencialista, aunque es muy loable si el diácono se hace cargo de los proyectos y obras sociales de la parroquia, zona pastoral o diócesis. El servicio del diácono hacia los pobres va más allá, porque significa asumir la pobreza evangélica haciéndose uno de ellos e invitándoles de esta manera a asumir su identidad cristiana y católica y formar parte activa de la Iglesia a la que ya pertenecen. Por tanto, el diácono no solamente cuidará de los pobres, enfermos, ancianos, huérfanos y otros abandonados y marginados de su parroquia y comunidad, sino apoyará a los pobres en sus organizaciones y los acompañará en sus luchas y reivindicaciones.

 

 

"llegar a ser líderes en su comunidad o hasta en su zona. Ellos promueven una Iglesia inculturada y llevan a cabo el diálogo intercultural. Aumentan en los laicos campesinos la conciencia de ser Iglesia. De esta manera, además, defienden a la población del trabajo destructor de las sectas. El diácono rural puede ser el responsable de una parroquia o zona parroquial abandonada. También puede ser el encargado del trabajo social en el campo y de proyectos de desarrollo integral de la parroquia. Colaborará con las organizaciones campesinas e indígenas para el fortalecimiento de los pueblos originarios. Estamos conscientes de que en el campo existe el peligro de abandono y falta de seguimiento de los diáconos permanentes, más que todo por el posible cambio de párroco. Puede darse también, en casos aislados, un sacramentalismo extremo. Otro problema, que puede convertirse en una oportunidad, es el de la migración a la que el diácono rural puede verse obligado"