Diáconos en El mundo

 

Asunción, Paraguay

EN LA CATEDRAL METROPOLITANA

 

Ocho laicos casados recibieron orden del diaconado permanente

Ocho laicos, padres de familias, recibieron ayer el diaconado permanente durante una ceremonia que se ofició en la Catedral Metropolitana. La misa estuvo presidida por el arzobispo de Asunción, Mons. Pastor Cuquejo. La labor del diácono es ayudar al sacerdote en la evangelización, anunciar el evangelio e impartir algunos sacramentos como bautismo y matrimonio.

Centenares de fieles, entre quienes se encontraban sus esposas, hijos y familiares, participaron de la celebración eucarística donde los ocho laicos recibieron el diaconado permanente, orden sagrado al que pueden llegar los varones casados.

Los futuros ayudantes del altar son: Sergio Rubén Benítez Benet. Nació en Asunción el 9 de setiembre de 1946. Casado con Olga López.

Agustín Trinidad Pintos nació en Asunción el 28 de agosto de 1949. Casado con Francisca Godoy.

Carlos Nelson Brítez Agüero nació en Asunción el 8 de noviembre de 1956. Casado con Blanca Robledo.

Ismael Parra Velaztiquí nació en Asunción el 23 de febrero de 1960. Casado con Gladys Zunilda Ruiz.
Manuel Gabino Servián González nació en Mariano Roque Alonso el 29 de octubre de 1964. Casado con Beatriz Esquivel Vera.

Benicio Darío Ferreira Berendsonn nació en Buenos Aires el 6 de agosto de 1964. Casado con Rosa Cristina León.

Víctor Hugo Bogado Mendoza nació en Limpio el 16 de enero de 1971. Casado con Beatriz Centurión.

Samuel Sanabria Torrado nació en Asunción el 14 de julio de 1973. Casado con Lourdes Salvadora Núñez Bogarín.

Cuquejo recordó a los nuevos consagrados que el diaconado permanente es un servicio a la comunidad, a la que deben anunciar el evangelio e impartir algunos sacramentos para que reine el amor entres sus miembros. Además deben ayudar a instaurar la amistad con el sacerdote y el obispo, a quienes deben prestar fidelidad en todo momento. Esa fidelidad que tienen a la esposa también debe llegar a la comunidad para que los fieles vivan y comprendan el auténtico compromiso cristiano, recomendó el arzobispo.

Terminada la misa los nuevos diáconos recibieron el saludo de los presentes.

Desde esta página nuestra enhorabuena y oraciones por vosotros y vuestras familias

 



 

 

En la IGLESIA DE  CHILE

Los diáconos permanentes trabajan pastoralmente en parroquias, capillas, colegios, colaborando con los sacerdotes en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por lo general, son hombres casados.

Los diáconos permanentes de la arquidiócesis de Santiago llegan a 177, mientras que a nivel nacional el total es de 500. CON ESTE NÚMERO NOS GUSTARÍA SABER MAS DE VOSOTROS , VUESTRA REALIDAD, VUESTRAS EXPERIENCIAS .OS ESPERAMOS
 



 

Nos gustaría  conocer más del diáconado permanente en otros paises....
 
 
 
 
Aumenta, a ritmo impensable hace 25 años, el número de los diáconos permanentes: 25.345 (antes del Concilio Vaticano II no había ninguno); laicos consagrados: 30.772; misioneros laicos: 56.421; y catequistas: 2.298.387. Si tenemos en cuenta todas las categorías dedicadas a tiempo completo a la evangelización, resulta que el 1,20 por mil son obispos; 109,58 por mil, sacerdotes; 6,86 por mil, diáconos permanentes; 15,66 por mil, religiosos no sacerdotes; 220,65 por mil, religiosas; 8,33 por mil, consagrados laicos; 15,28 por mil, misioneros laicos; y 622,44 por mil, catequistas. En total, el número de estos agentes pastorales es de 3.692.582. El crecimiento del número de catequistas es, sin duda, la gran novedad de los últimos años en la Iglesia.

 

 

 

 

 

 

Diáconos entre nosotros – una esperanza y un plan

 


Por Obispo Sylvester D. Ryan       Diócesis de Monterey     (no tiene desperdicio... leerlo integro)

 

Un amigo de corazón de hace muchos años, Ted Bear, murió el mes pasado. Ted y su esposa Joan, tenían varios hijos naturales y además adoptaron a varios otros. Durante muchos años abrieron su casa a muchas madres no casadas referidas por Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Los ángeles.

En su vida profesional, Ted representó con éxito una compañía nacional de seguros, pero la gran pasión de su vida, tomando lugar secundaria solamente al amor por su esposa y familia, era su trabajo como diácono permanente de la Diócesis de San Diego. Diácono Ted y su esposa, Joan, han vivido hace ya 20 años cerca al Hipódromo Del Mar en San Diego, donde, en palabras famosas del cantor Bing Crosby, "the surf meets the turf down at old Del Mar."

Diácono Ted no sólo llevó a cabo su ministerio sacramental de diácono en su propia parroquia, sino que además comenzó a ser ministro para todos los empleados del Hipódromo Del Mar. Dio la mayoría de su atención a las personas raramente notadas: los entrenadores, trabajadores de caballos, jardineros, limpiadores, vendedores de boletos, y camareros(as) y también a los jockeyes y dueños. Les ofreció una presencia atrayente, recursos espirituales, un corazón listo a escuchar y a veces hasta intercedió por ellos. Tocó a cientos de personas, año tras año, personas no católicas y católicas igualmente. Era modelo de un apóstol trabajando en el mercado, trayendo a Cristo a los que encontraba viviendo y trabajando allí.

Personificó el modelo del diaconado permanente como lo vemos descrito en los documentos del Concilio Vaticano II y las cartas que implementaron de manera formal las directivas del Concilio.

Los documentos del Concilio Vaticano II, la Constitución dogmática sobre la iglesia, #29, el Decreto sobre la actividad misionera de la iglesia, #16, y el Decreto sobre las iglesias orientales católicas, #17, revelaron el intento de los obispos de restaurar el diaconado permanente a la vida de la iglesia. Su intento era que el diaconado permanente no se modelara sobre el diaconado transicional, como un paso hacia la ordenación sacerdotal, sino que intentaban que fuera una parte esencial del Sacramento de Orden.

Como lo expresó el documento más reciente sobre el diaconado permanente, "Desde el principio la literatura patrística da testimonio a … una estructura ministerial en la iglesia que incluye el diaconado. San Ignacio de Antioquía considera a la iglesia sin Obispo, sacerdote o diácono, imposible de imaginar" (Normas básicas para la formación de diáconos permanentes, #2).

Los documentos que implementaron el directivo de los obispos del Concilio Vaticano II permitieron que las conferencias nacionales de obispos decidieran utilizar o no el privilegio del diaconado restaurado. Los obipos americanos decidieron en favor de la restauración en Abril de 1968, indicando que pensaban que tal restauración era apropiada para el país y deseable para satisfacer las necesidades pastorales.

Al principio, el plan incluía a dos grupos de diáconos permanentes. Un grupo iba a incluir a hombres jóvenes y nunca casados menores de 35 años que vivirían y estudiarían juntos en una casa de estudios por dos años en preparación para el diaconado. El segundo grupo, los hombres mayores de los 35 años, podrían estar casados o no y tenían que estudiar por lo menos tres años en preparación para ser diáconos. Los candidatos casados tendrían que tener el permiso y apoyo de su esposa. Los hombres mayores de los 35 años que no estaban casados, como el grupo menor, se comprometerían a un ministerio como celibatos.

Los obispos americanos decidieron utilizar el segundo modelo y no establecieron ninguna casa especial de oración. Actualmente, cuando un obispo decide que es momento apropiado para considerar implementar el programa de diaconado en su diócesis, consulta primero con su Concilio Presbiteral, y si así desea, puede abrir la consultación a un grupo mayor de personas.

Uno de los desafíos especiales, sin embargo, es que el pueblo llegue a comprender la identidad y misión exacta del diácono permanente. La visión del diácono permanente que surge inmediatamente para muchas personas viene de la experiencia de ver a un diácono ayudando con la Misa. Se puede desarrollar la idea de que esto es todo lo que hace un diácono – servir a Misa, predicar la Palabra y ayudar con la Santa Comunión. A veces los diáconos presiden sobre matrimonios y bautismos.

En realidad, el papel del diácono en la iglesia incluye mucho más. Monseñor Ted Krause de la Diócesis de Oakland describe una visión más amplia de la identidad y misión del diácono.

"Los diáconos son ministros de la iglesia. Ni son ‘mini-sacerdotes’ ni ‘diáconos laicos’. No son ‘sacerdotes sin suficientes calificaciones’ ni ‘laicos demasiado calificados’. Son una parte de la comunidad pastoral orgánica y jurídica –el Orden – que sirve a cada iglesia local. Comparten la responsabilidad de ser maestros, santificadores, y guías, pero según su configuración singular a Cristo, el diácono" [The Order of Deacons, A Second Look, (El orden de diáconos, una segunda mirada), p. 42].

La tarea principal del diácono es de establecer una presencia donde viven y trabajan con otras personas. El primer enfoque del diácono es de servir como Jesús sirvió, y por eso ser siervo y intercesor en pro de la justicia y compasión en las situaciones donde las personas se encuentran necesitadas. Como lo explica el Monseñor Krause, como maestro el diácono "está consciente de la cultura para quienes habla y entre los cuales sirve. Entiende las aspiraciones, los problemas y las preocupaciones del pueblo. Informa a la comunidad sobre el apuro de sus vecinos, las necesidades del pueblo."

Como santificador, el diácono reconoce y proclama lo sagrado de cada persona humana, y da la bienvenida a la vida de la iglesia a todos, especialmente a los pobres, los rechazados y los marginalizados.

Como guía, el diácono da ejemplo por su manera de vivir y sus ministerios. "Los diáconos sencillamente son, en cada iglesia local, el ‘icono’ vivo de Jesús, el primer diácono, quien vino para servir y no para estar servido."

Hay un realismo en los documentos que tratan con la identidad y misión del diácono permanente. Se entiende que no todos los candidatos apropiados vayan a tener en abundancia todas las habilidades esperadas. Además, las necesidades de las diócesis individuales pueden ser diferentes. Así que, por lo general, los candidatos apropiados deben traer sus propios talentos, estudiar, crecer en la gracia, mejorar su habilidad y al fin ser ordenados para servir en sus propias diócesis.

Después de su ordenación al diaconado, las realidades prácticas pueden causar que el diácono reciba mayores responsabilidades administrativas, pastorales y litúrgicas. Sin embargo, el centro de su llamado siempre ha de ser el de ser siervo a las necesidades humanas de las personas. Su papel en la celebración de la liturgia y los sacramentos llega a ser señal y fuente de su poder para servir como sanador y siervo.

En los cuatro condados de nuestra Diócesis de Monterey, hay necesidades humanas y espirituales importantes y crecientes para las cuales unos diáconos permanentes podrían proveer ministerios de justicia y compasión indispensables.

Nuestro Concilio Presbiteral diocesano, por eso, en consultación con un comité especial, ha recomendado que nuestra diócesis comience a establecer un programa de diaconado permanente, y a la misma vez, proveer de cualquier manera posible, un programa de ministerio abierto a todos. Por eso, estamos estudiando y planeando un programa de ministerio derivado en recursos locales y de otros lugares. Cuando las etapas de planificación e implementación están completos, invitaremos a personas interesadas, incluso a los con interés en un programa para diáconos, a considerar estudiar en un programa que sería una primera etapa antes de estudios formales para el diaconado.

Como el obispo, tengo que pedir permiso del comité apropiado sobre el diaconado de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, y luego nombrar a un director para coordinar al programa. Luego podemos tener reuniones para explicar el programa a personas con interés en cada decanato.

Durante los meses venideros, esperamos que estos planes tengan éxito. ¡Sé que mi amigo, Diácono Ted Bear, nos daría su aprobación!


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