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Con cierta pena

 

A veces siento pena por el desconocimiento que todavía existe en nuestra sociedad creyente, sobre esta realidad eclesial  desde hace 25  años en España y algunos más en otros países.Mirando concienzudamente en Internet, descubro que apenas, o por ser sincero ,no hay una sola pagina de DIÁCONOS  PERMANENTES, frente a la de miles de otras materias, incluso religiosas, por no hablar ya de las “profanas”. Cientos sobre bonsáis, cientos sobre cocina, ciento sobre brujería…miles  y mas miles de pornografía.

Desde este punto de vista ponemos en marcha una sobre nuestro ministerio, pero abierta a toda vocación de seguimiento del MAESTRO,

Desde aquí os pido colaboración, podemos llegar a mucha gente…podemos informar de “lo nuestro” podemos acrecentar el numero de vocacionados ….podemos…podemos hacer tantas cosas en orden a la evangelización desde las nuevas tecnologías.

 

Quiero animaros a colaborar, vuestras experiencias, vuestras dudas, vuestras aportaciones, vuestras críticas, vuestro apoyo, vuestras ORACIONES nos son necesarias.

Estamos aquí para lo que somos, que no es otra cosa que  SERVIDORES ,ánimo y decidiros¡ tenemos tanto que contar !.

Un abrazo en cristo

Alfonso

 


T


VOCACIÓN                  

 

No son pocas las veces que me han preguntado:¿Porqué esto del diaconado?, y tengo que contestar que no por una razón, sino por muchas.

Y no es que en un momento de oración escuchase una llamada del más allá que me dijese: “Quiero que seas diácono”. No, la vocación surge en un largo proceso de maduración espiritual que ha dado lugar a que uno quiera darse cada vez más, y quiera ampliar por ello el compromiso con aquello que le hace feliz.

Siempre me ha gustado aquellas palabras de Santa Teresita de Lisieux en las que relataba:”Siento la necesidad, el deseo de realizar, por ti, Jesús, las obras más heroicas. Siento en mí la vocación de sacerdote. Pero ¡ay! , aun deseando ser sacerdote admiro, envidio la humildad de San Francisco de Asís, y siento la vocación de imitarle, rehusando la sublime dignidad del sacerdocio. A pesar de mi pequeñez quisiera iluminar a las almas como los profetas, los doctores, tengo la vocación de apóstol. Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre, implantar en tierra infiel tu cruz gloriosa; pero, ¡Oh, Amado mío!, no me bastaría una sola misión, querría anunciar el evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, hasta las islas más remotas... Y quisiera sobre todo, ¡Oh, mi Amado Salvador! Derramar mi sangre por ti hasta la última gota. Pero también aquí, sé que mi sueño es una locura, pues no me limitaría a desear un tipo de martirio.. Para satisfacerme, los necesitaría todos... Como tú, mi Adorado Esposo, quisiera ser azotada y crucificada.. Quisiera morir despellejada como San Bartolomé.. Como San Juan, quisiera ser sumergida en aceite hirviendo, quisiera padecer todos los suplicios que han sufrido los mártires... Como Santa Inés y Santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada y como Juana de Arco, mi querida hermana, quisiera pronunciar tu nombre sobre la hoguera, ¡Oh,  Jesús!.”

Cabría reseñar que el D.P., en el caso de los casados, es una segunda vocación después de la vocación a la vida matrimonial. Recuerdo que siendo soltero y sin novia me preguntaron muchas veces, sobretodo sacerdotes, si me había planteado ser cura. A mi ésto me parecía algo fuera de lugar: Por supuesto que no, vamos, no se me pasaba ni lo más mínimo por la cabeza. Lo llamativo es que una vez felizmente casado, me venía la pregunta ¿Y yo porqué no habré sido cura?. Quisiera dejar claro que esta cuestión me surgía desde la felicidad de mi matrimonio y familia y sin el más mínimo arrepentimiento de haber escogido esta vida, pero lo cierto es que había como una sed que quería ser saciada.

 No hay duda que cuando uno se casa todo cambia, pues ya uno tiene que tomar sus decisiones pensando no como “yo” sino como “nosotros”. Aunque la vocación a D.P. surge en el hombre, ésta no cuajará sino es animada y apoyada por la mujer. Si, aunque nace en el hombre y será el hombre el ordenado, si no es asumida por los dos, por aquellos que forman una sola carne, será una vocación como

En mi caso he recibido siempre el apoyo de mi mujer y desde luego sin sus ánimos y sin la seguridad de que es lo mejor para nuestro matrimonio y mis hijas, no abría emprendido este camino.

Otra pregunta que a uno le suelen hacer es si el diaconado no hará que uno descuide sus tareas familiares. Esta cuestión la suelo responder diciendo que aunque no es posible predecir el futuro, lo cierto es que los diáconos que conocemos  nos cuentan que este ministerio ha hecho mucho bien en sus familias, que las ha unido y llenado de paz y amor. Por la imposición de manos el ordenado recibe una inmensa gracia, gracia que se derrocha en el matrimonio y en la familia. Por ello, el ser esposa o hijo de un clérigo, alguien que ha recibido la gracia sacramental, debe servir y sirve para la santificación del matrimonio y de la familia. Al recibir la ordenación el hombre es entregado en exclusividad a su mujer, incluso más allá de la muerte, ya que aunque muera la mujer, no podrá contraer nuevas nupcias y en el caso de que el matrimonio fracasase y haya separación, él será secularizado. Por ello la mujer debe firmar su total acuerdo, ya que si no da el visto bueno, no habrá ordenación. Como vemos, la vocación, el ministerio, la ordenación la recibe solo él, pero este camino no puede ser recorrido por él en solitario.

Pero quiero ahondar más para buscar las razones de esta vocación y la verdad es que una importante parte de ésta ha surgido por mi vinculación con las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Mi primer contacto con ellas fue, como muchos, en el comedor. Mi familia vive muy cerca de sus casas, y nos llamaba la atención ver esas colas que se forman en la puerta, alrededor de las cuatro de la tarde. Un día, sin saber por qué, me fui allí y al acercarme  la puerta, un señor mayor  me puso la mano para darme un cartoncito con un número pintado. Le dije que no venía a comer sino a ayudar en lo que hiciera falta. Me abrió sin preguntarme más y entré. Al pasar, me encontré por primera vez con una misionera,  que enseguida me puso a cortar pan, llevar ollas y bandejas y a servir platos sin parar.

Del comedor pasé a la famosa Casa del Sida, donde comencé a colaborar en el turno de noche.

La primera noche que llegué, me encontré con los colaboradores, chicos jóvenes pero ya trabajadores cualificados, limpiando uno de ellos de rodillas a un enfermo terminal de Sida que se había hecho sus necesidades encima. Por eso cuando he sido papá ya tenía experiencia en limpiar pañales. Los de  mis hijas no fueron los primeros, fueron los de los enfermos.

La época en la que comencé el turno de noche, era cuando no existía medicación efectiva y rara era la noche en que no se moría algún enfermo, alguno incluso en mis brazos.

En la Casa del Sida compartí noche con un sacerdote, el Padre Enrique, que se metía en la capilla y le veíamos que dormía dos horas sentado, pasando el resto de la noche rezando  y atendiendo a los enfermos. Desde entonces mi mujer,  que entonces era mi novia, y yo quedamos con él para recibir dirección espiritual.

Os diré que tenemos tanto que agradecer a las misioneras que a nuestra primera hija le pusimos el nombre de Teresa, en honor de la Madre Teresa de Calcuta, y a la que cuando nació, nada más salir del hospital, antes de llevarla a casa, paramos para que las misioneras la ofrecieran a la Virgen.

Sin duda es mucho lo que tenemos que agradecer a las hermanas de las que hemos aprendido el evangélico amor a los Pobres sin distinción de razas, color o religión.

Y ese mensaje de amor a los pobres se respira en cada esquina de sus Casas. Colaborando con las misioneras he podido hacer realidad este mensaje, en los campamento de niños de familias necesitados, llevando a estos hogares alimentos, incluso yendo a pagarles el recibo de la luz el día antes de que la Compañía se la cortara, acompañado a los enfermos a visitar a su familia, o llevándoles al hospital o a por su dosis de metadona  o acompañarles a resolver  papeleos administrativos o visitándoles en la cárcel. Me viene a la cabeza muchas situaciones entrañables, desde las fiestas de Navidad con la cena y regalos del comedor, o la fiesta de los niños de los  Reyes Magos o los viajes  Tánger en vacaciones, donde las misioneras ayudan a los hermanos musulmanes, especialmente a  las madres solteras y sus hijos, las enfermas, los  niños drogadictos que viven solos en la calle, los presos y ahora, los subsaharianos que intentan pasar a España.

Porque de este amor  a los pobres, las misioneras nos han enseñado el  amor a la iglesia.

El padre Le-Joly un jesuita que ha vivido la fundación de las misioneras de la Caridad  en Calcuta, que desde el comienzo estuvo con ellas como director espiritual, al ir a escribir un libro sobre las Misioneras de la Caridad, le puso de titulo:”Lo hacemos por Jesús”. Si, todo se hace por Él, y por la Iglesia que Él nos dejó, para que pudiésemos hacerlo “por el reino de dios”. No podemos entender esta vocación al servicio, si no tenemos fe, o estas buenas obras las podríamos dejar en manos de las ONGs o incluso de la Seguridad Social u otro organismo público.

Yo he entendido que aquí todo se hace por amor a Dios, que nos lleva al amor al prójimo. Aquí podemos gritar que Jesucristo esta vivo, y decir llenos de gozo que “existe Dios” como en la canción.

Por todo esto, muchos de los que colaboramos con las misioneras hemos sentido la necesidad de aumentar nuestro compromiso con nuestra fe, ya sea convirtiéndonos a ella, ya sea como seglares en grupos apostólicos ya sea como misionero laico o como diácono, religioso o sacerdote o como muchas amigas  religiosas de clausura.

Me dicen que soy bastante lanzado, que me gusta “ir al fondo de las cosas”,  “ que si empiezo algo, intento acabarlo”, o sea, que intento huir del desánimo y por ello el querer dar un testimonio de compromiso, y querer intentar que éste lo sea de verdad. Lo cierto es que creo que el D.P. es la entrega máxima a la que puede aspirar un casado en su compromiso cristiano.

En un reciente retiro en Valladolid, la religiosa que nos lo impartía, nos planteó  lo siguiente: Jesús dio su vida por nosotros, se sacrificó hasta el máximo por mí, ¿Tú, qué estas dispuesto a hacer por Él?. Una canción que suelo escuchar en mi coche, entre atasco y atasco,  pone en boca de Jesús:”Mira que estoy a tu puerta y llamo. Estoy a la puerta de tu corazón de día y de noche. Tengo sed de amarte y de que me ames. No hay nada para mí más importante”. Cuando pienso en la letra de esta canción se me ponen los pelos de punta pensando en que Jesús esté realmente llamándome y de ahí plantearse ¿Cómo no estar dispuesto a darlo todo por él?¿Cómo no querer imitar a Aquel que “vino, no a ser servido sino a servir” y querer imitarle como un diakono (servidor)?.¿Cómo no abrirle la puerta a Jesús y estar dispuesto a darlo todo por Él?

 

Paco. Candidato al Diaconado de la Archidiócesis de Madrid.

 

 

 

 

Mi reflexión humilde sobre el enfermo y la enfermedad

El enfermo y la enfermedad

                                                                                                                                        

 

Dimensión sociocultural de la enfermedad.-

 

A lo largo de la historia la enfermedad tuvo connotaciones, religiosas, demoníacas o sagradas: lepra, epilepsia. Algunas eran innombrables a no ser con un eufemismo: sífilis, cáncer. Hoy han perdido bastante ese carácter sagrado-demoníaco; pero ganando fuerza en lo tabú sustituyendo a lo sexual de hace unos años… (Los niños ya no vienen de Paris; pero el abuelo se va a un largo viaje).Esto unido a delirios de inmortalidad y eterna juventud, hacen cada mas más oscuro, más innombrable a todo lo que significa enfermedad, dolor, vejez y muerte.

Los avances médicos, buenos y necesarios, aportan  también otro importante factor social a la enfermedad, clínicas robotizadas que deshumanizan al sujeto pasando a ser afiliado, usuario o simplemente el enfermo de la cama 2 habitación 123.

La perdida del medico de familia (el autentico) el  conocedor de los antecedentes de por lo menos una generación,  sustuido   por el de 300 números y cinco minutos de consulta.

 

El enfermo.-

Antes objeto de la ira de Dios ahora sentimiento de culpabilidad, antes rechazado por la sociedad, ahora menos pero también aunque de otra manera ejemplos:

Llamar a la puerta, horario de comidas, falta de intimidad, masificación y lo peor cosificación. Afortunadamente hay sectores importantes que están tomando conciencia de esto y reaccionando hacia una humanización del trato al enfermo

Fases por la suele pasar todo enfermo, más acuciadas cuando mas grave es el padecimiento:

Negación: ¿No me puede estar pasando a mí? Se rechaza lo inevitable..En este punto el acompañamiento espiritual (o el  acercamiento) se basa en no negar la realidad, acompañar es permitir que el miedo, la angustia, el rechazo pueda se expresado, probablemente no hagan falta palabras...si la cercanía el contacto físico, transmitir una presencia tranquilizadora.

Cólera, rebeldía: Aparece el complejo de culpabilidad, de ira contra Dios o el destino, la enfermedad es vista como una consecuencia de actitudes de vida o del pecado, esto lleva a encerrarse en si mismo y a la depresión .La atención espiritual

En esta fase es delicada es cuando menos falta le hace al enfermo los tópicos…el ya sabe todo lo que podemos decir hay que respetar profundamente su silencio, dejando siempre abierta la puerta a la comunicación, que sepa que nos puede encontrar, que sigue siendo persona. Dentro de esta fase encontramos  rebeldía y agresividad..se buscan errores, culpables: Dios es injusto

Mercantilización, regateo: aparece una pseudo aceptación…Si .PERO…desde la fe se recuperan devociones olvidadas, se hacen promesas, se retoma el concepto mercantilista de la religión…desde la no fe  “a lo mejor en otro hospital”.SE a empezado a aceptar, tímidamente de puntillas .El enfermo empieza a estar más receptivo, comunica sus esperanzas, sus ilusiones, es el momento  del dialogo abierto, de las grandes preguntas busca sentido a su trascendencia, es el momento de dar respuestas desde la fe en un Dios amor..Todo esto dosificado (como las medicinas) y cuando lo demande, sin imposición, sin prepotencia, pensando que podemos ser nosotros los que nos encontremos en su situación. No es el momento de palabras elocuente y grandes parrafadas, es el momento de la sencillez, de la cercanía, de valorar sinceramente su proceso personal.

Aceptación, abandono: Tratará de aceptar lo inevitable, aquí juega un papel importante las vivencias espirituales, las de toda una vida o las recuperadas por motivos de la enfermedad: el abandono en Dios, la trascendencia en los hijos, el haber cumplido una tarea: ahora sólo hay que acompañar.

 

He tenido la suerte de constatar estas fases en mi estancia en el hospital y puedo deciros que a veces se mezclan o no están del todo claras, pero suelen cumplirse de todas maneras y apara terminar este apartado del lo que hay que huir siempre en el acompañamiento al enfermo o a los dolientes es a usar los típicos tópicos., el enfermo no es tonto, siempre es mejor el silencio.

 

Dios y el sufrimiento.-Todos sabemos que hoy en día, afortunadamente hay dos planos diferenciados en uno actúa la ciencia y en otro la teología. A la ciencia nunca se le ocurrirá pensar que es Dios quien hace enfermar.

Sin embargo todavía muchos creyentes piensan en Dios como el microbio por excelencia…siendo lógicamente también el antibiótico por excelencia. Esto ocurría también con las catástrofes naturales.

Esto no niega que si Dios quisiera intervenir lo podría hacer es lo que llamamos milagro…pero no es esa la costumbre de Dios.

También sabemos de los antimilagros  “dios hace sufrir a los que ama” ”dios aprieta pero no ahoga”

Los males están ahí y todo obedece a la finitud de las cosas y al uso que se hace de ellas…El agua es necesaria; Pero hay quien se ahoga, la lluvia es buena; pero produce inundaciones, el dinero…Una consecuencia de la finitud es  que cada perfección tiene un límite.

El mal uso de la libertad .Cito textualmente a Zeus en la odisea “Los mortales se atreven, siempre a culpar a los dioses, porque todos sus males nosotros les damos y son ellos los que con sus locuras se traen infortunios que el destino jamás creó”.Unos sufrimiento proceden de la condición finita y otros del mal uso de la libertad.

Es correcto decir que Dios no quiere el mal, es una consecuencia inevitable de la creación .Jesucristo no quería el mal “pasó haciendo el Bien”y lo mas concluyente lo sufrió en sus propias carnes.

¿Quiere decir esto que a Dios no le importa nuestro sufrimiento?

Ni mucho menos…”me da un vuelco el corazón, se  me estremecen las entrañas”( Os 11,8).Dios no es atrapado por el sufrimiento como nosotros, deja ser atrapado por el sufre por amor.

Entonces porqué no lo evita….Jesús nos enseñó muchas cosas del Padre, pero no lo contó todo, no nos contó el porque del sufrimiento; pero pasó por el y lo fundamental nos enseñó a luchar contra el mal a través de nosotros mismos. A la luz de la mañana de la pascua el si del Padre hace ver otra perpestiva : se hizo justicia. Sabemos de Un Padre coosufriente , sufriendo con la humanidad, como un padre humano que no puede evitar el dolor de un hijo.”Ante ti tienes muerte o vida escoge lo que quieras”.La libertad es el Don máximo otorgado al hombre.

Alfonso Romero